Bajo mi punto de vista, hoy en día los niños comen bastante mal. Mal en el sentido de menús poco equilibrados y nada nutritivos, con demasiada carga de azúcares, harinas refinadas, exceso de proteínas, lácteos o productos procesados sin el aporte de vitaminas, minerales y nutrientes en general que son siempre necesarios, y especialmente en edad de crecimiento.

 

La industria alimentaria no ayuda nada a este cometido. En lugar de ofrecer alimentos saludables, produce y distribuye productos que no deberían comer los niños, vacíos de nutrientes y con demasiados añadidos que no nos hacen ningún bien, todo lo contrario (conservantes, colorantes, aromas, aceites vegetales, grasas hidrogenadas, azúcares, etc). Pero este es un tema complejo y denso del que ya hablaremos en otro momento a fondo.

Un factor que considero clave en la no adecuada alimentación infantil es el desconocimiento acerca de alternativas saludables y centradas en la dieta mediterranea, limpia, sencilla, ecológica y de calidad. Por ejemplo, sería muy bueno si en en las escuelas y en cada familia se inculcara desde pequeños el valor de la comida, de cocinar, de alimentarse con consciencia, la importancia de la nutrición, la procedencia de los alimentos, el deporte y los hábitos de vida saludables. Si desde bien pequeños se conocen las ventajas de comer sano, de hacer ejercicio, de respirar y de gestionar las emociones y el tiempo, de mayores no tendríamos que hacer el esfuerzo para ganar y transformar hábitos, los tendríamos ya interiorizados. De la misma forma serán mucho más capaces de expresar sus emociones y sentimientos si perciben y ven como su padres y entorno también lo hacen.

Los niños son como esponjas, absorben todo lo que ven a su alrededor y esta etapa es una oportunidad de oro para mostrarles y transmitirles unos hábitos de vida saludables desde la admiración que sienten hacia sus referentes adultos. Los pequeños son grandes imitadores. Si ven que en casa y en su entorno se come fruta, verdura, alimentos frescos y nutritivos, ven cómo se cocinan los alimentos y pueden participar del proceso o acompañan a los mayores al mercado, donde observarán la belleza de productos reales, sus colores y formas, sus olores, los granos y cereales enteros, adquirirán unos hábitos de vida saludables que les acompañaran fácilmente el resto de su vida porque los habrán integrado de forma natural. En cambio, en el supermercado básicamente verán productos envasados, procesados, troceados empaquetadas, congelados y vacíos de nutrientes que además les llamarán la atención por haberlos visto en la televisión, pero que nos les aportarán nada bueno para su desarrollo físico y mental.

Los niños, pueden y deben comer de todo des de los dos años, como un adulto sano, después de haber hecho una correcta y paulatina introducción alimentaria. Pero quiero detenerme un momento en este punto. La nutrición del bebé empieza antes del embarazo y es de vital importancia el estado nutricional de los progenitores, la alimentación durante el embarazo y los primeros años de vida en el que el bebé toma leche materna y se introducen los alimentos paso a paso. Todo este proceso hará que el niño esté bien nutrido y formará parte de sus hábitos y conocimientos.

Llegados a este punto, quizás te estás preguntando…

¿pero entonces, cómo lo hago?

Voy a facilitarte una lista de lo que no sería recomendable que comieran tus hijos, sobrinos, nietos, en definitiva, niños y niñas en edad de crecimiento. La idea es primero eliminar de la dieta algunos productos que no son convenientes para después, poco a poco, ir introduciendo más alimentos frescos y saludables.

Alimentos que no deberían comer los niños o restringirlos lo máximo posible:

  1. Productos transgénicos (maíz, soja, tomates…). Aún no hay suficiente evidencia científica de lo que pueden provocar los transgénicos en los humanos.
  2. Alimentos procesados, precocinados, envasados o enlatados. Tampoco algunos congelados por su alto contenido en azúcar, sal y aditivos y por su escaso valor nutricional. Estos productos nos pueden restar salud en lugar de dárnosla.
  3. Productos alimenticios ricos en azúcar y harina refinada (harina blanca, azúcar industrial, pan blanco, arroz blanco, pasta blanca, bollería, chuches, snacks de bolsa).
  4. Grasas hidrogenadas (aceite de palma, margarinas, fritos, etc.).
  5. Alimentos fritos y rebozados industriales. Aunque sean caseros, deberían ser ocasionales.
  6. Bebidas ricas en azúcares simples y sustancias excitantes.
  7. Trigo convencional (pan de baguette).
  8. En general muchos de los productos que se adquieren en el supermercado y en grandes superficies.

En el otro lado, algunos alimentos más nutritivos que pueden actuar como alternativa saludable a la lista anterior y complementan bien una dieta infantil:

  • Fruta fresca en diferentes formatos (a dados, en batido, en brochetas, etc.)
  • Endulzante natural a elección con limitación (azúcar integral de caña, azúcar de coco, miel cruda, sirope de agave crudo, sirope de arce)
  • Embutidos de muy buena calidad, por ejemplo escoger jamón ibérico, cecina, etc.
  • Proteína vegetal (legumbres), tofu, seitan, tempeh de garbanzo bien cocinado.
  • Lácteos: quesos frescos, kéfir, yogur. Siempre mejor de cabra u oveja que de vaca.
  • Bollería casera hecha con ingredientes naturales.